domingo, 14 de julio de 2013

Migrante

El siguiente cuento pudo o no haber sucedido. No hay mensaje, no hay lección, sólo escribo por escribir.


Es domingo y decidimos salir a comer a algún lado porque aceptémoslo, el domingo no queremos hacer nada. Nos metemos al carro y tomamos rumbo a alguna plaza. El sol en Monterrey, pegando pero como si nos odiara, con todo, como soplete gigante. El termómetro andaba por los 38 grados, un día para no andar en la calle si no es por la sombrita.

Llegamos al primer semáforo y un chavo con un ojo todo hinchado se acerca a la camioneta de enfrente a la izquierda, que trae una calcamonía de "Jesús te ama". Desde este ángulo se ve cómo la señora al volante pone cara de fastidio y sube su vidrio antes de que le pueda decir algo. El chavo levanta las palmas de las manos así como pidiéndole perdón. Se dirige entonces a nuestro carro, le murmura algo a mi hermano que es quién viene conduciendo. Mi hermano busca y le dice: "no traigo, mano". El chavo se va al siguiente carro. Entonces por el espejo noto algo, trae cargando una cobija enrollada a la altura de la rodillas con una cuerda. Esa cobija no cuadra con la temperatura que está haciendo, una palabra viene a mi mente y la cuál digo en voz alta: "migrante". En algún momento apoyé a un refugio de migrantes así que esa palabra tiene cierto efecto en mí. Para ese momento ya no puedo pasar de largo y le digo a mi hermano vamos a ayudarle ¿no?, a lo que inmediatamente dice que sí.  Se pone el verde y nos dirigimos a una tienda del otro lado de la calle. Cuando me bajo, mi hermano me grita y me dice: "son dos". Volteo hacía donde me señala y efectivamente hay un segundo individuo que también veo que trae cargando su cobija enrollada y una mochilita. Me meto a la tienda y compro dos botellas de agua, dos sandwiches y dos paquetes de galletas, lo meto todo a una bolsa y me subo al carro. Volvemos a llegar al semáforo, pero esta vez nos estacionamos a un lado. Dejo las cosas en el carro y me bajo. Le hablo al que está más cercano, el otro, que es un señor como de unos cuarenta años que se acerca corriendo. 

-¿Qué tal? ¿De dónde son?
-De Peten, Guatemala, joven, me dice en un tono muy tranquilo.
Aunque es obvio le pregunto:
-¿Y vienen o van?
-Apenas vamos, vamos a Laredo.
-¿Cuándo llegaron?. le pregunto a continuación.
-Hoy en la mañana nos bajaron del tren, joven. 
Cabe aclarar que estoy muy cercano a unas vías por lo que toda la conversación suena factible.
-¿Y cuánto se van a quedar?, prosigo
-Nomás que juntemos para irnos porque ya no  traemos nada, joven, no hemos comido desde antier, me contesta.
-¿Saben dónde está la casa del migrante aquí?
-No, joven, no conocemos nada. 
-Bueno, les voy a ayudar aquí con algo y les voy a decir donde está esa casa del migrante.
El señor alcanza a murmurar un gracias casi inaudible.

Tomo las bolsas y se las entrego indicándole lo que traen,también le doy 40 pesos que es el cambio de la compra. Después busco la dirección y se la entrego, junto con instrucciones de como llegar en el metro.
Hasta ese momento el señor no ha dicho una palabra, pero entonces veo que se le llenan los ojos de lágrimas. Entonces empieza a murmurar "gracias" uno tras otro y me dice: "Buen joven, buen joven, usted es el primero que nos ayuda desde que entramos a México. Buen joven.", mientras me señala. Siento que mi garganta se seca y pienso en ese momento que tal vez solo prefiero que tome las cosas y se de la vuelta sin decir nada más. "Buen joven, muchas gracias" repite y me extiende la mano. Se la estrecho, no sé qué decirle más que: "no hay por qué, cuídense mucho y que lleguen bien", mientras le palmeo el hombro. Sigue repitiendo "gracias" sin soltarme la mano. Finalmente con un último "gracias" me la suelta. Le digo: "bueno, hasta luego" y me subo al carro. Nos vamos y veo por el espejo que le muestra a su compañero el contenido de la bolsa y entonces los dos agitan la mano en nuestra dirección mientras el otro también se pone la mano en el pecho.

No siento alivio, no siento satisfacción, no siento nada. Solo tuve el impulso de ayudarles un poquito, no buscaba agradecimientos ni esas reacciones, no sé si fue que me di cuenta que eran migrantes o el fastidio con que la señora le cerró el vidrio en la cara.. No sé por qué habían pasado ni qué les espera todavía, no sé si lo logren, todavía les falta mucho por pasar. Entonces pienso que estaban tan necesitados que hubieran agradecido hasta el que simplemente uno no fuera grosero con ellos. Volteo a la ventana y me le quedo mirando fijamente, algo se me metió en el ojo y no quiero que se note.



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